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Pedro Luis Angosto Vélez |
Ciutadans y la extraña familia
A principiosdel siglo XX el republicanismo español estaba
dividido en varias familias distantes de entre las que destacaban dos, el
partido de Nicolás Salmerón integrado en Solidaridad Catalana y del que
saldrían buena parte de los cuadros dirigentes de la Segunda República, y el
Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, un partido con una base
ideológica escasa que hacía de la demagogia populista su principal arma.
Haciendo gala de un anticlericalismo ficticio y con unas arengas incendiarias
contra la patronal barcelonesa, el radicalismo lerrouxista llegó a ser una de
las principales fuerzas del panorama político catalán hasta el golpe de Estado
de Primo de Rivera, movimiento sedicioso ante el que Lerroux guardó el mayor de
los silencios. Desaparecida la dictadura, el dirigente radical volvió al ruedo
político para firmar el Pacto de San Sebastián que traería de nuevo la
República. En las legislativas de Junio de 1931, el Partido Radical fue el
segundo más votado tras el socialista, obteniendo noventa diputado en todo el
Estado con un fuerte crecimiento en buena parte del mismo y un descenso notable
en su feudo catalán. Sin embargo, al constituirse el primer Gobierno
Azaña pasó a la oposición –Lerroux creía que le correspondía a él dirigir los
designios del nuevo régimen- para dedicarse con tesón al obstruccionismo,
iniciando de ese modo el camino que le llevaría a compartir gobierno con la
CEDA, principal partido católico y antirrepublicano de aquellos años.
La historia no se repite, pero
aunque cada vez se materialice de forma distinta según el contexto temporal,
hay cosas que no se pueden obviar. Ciutadans nació en Cataluña en Junio de 2005
como respuesta al nacionalismo imperante, rasgo este que también caracterizaba
al Partido Radical, que surgió de una escisión de Unión Republicana ante el
avance del catalanismo. De parecida manera los dos partidos quisieron y quieren
pescar en las revueltas aguas de eso que llaman clases medias mezclando una
serie de mensajes cambiantes con el único objetivo de agradar los oídos del
futuro votante. Ambos, también, nacieron en Cataluña para extenderse después a
todo el Estado. Ya sabemos que el demagogo Lerroux terminó su vida política al
permitir que la ultraderecha cedista llegase al poder en 1933, pero, ¿qué
hay detrás de Ciudadanos? ¿Cuál es su ideario? ¿Cuáles sus objetivos? A estas
alturas nadie puede ignorar que Albert Rivera –dirigente político jaleado por
la escuadra mediática oficial como pocas veces se ha visto- fue militante de
Nuevas Generaciones del Partido Popular entre 2002 y 2006, militancia que dejó
poco antes de ser elegido para el puesto que actualmente ocupa; tampoco sus
contactos íntimos con la ultraderecha catalana y del resto del Estado, en
numerosas ocasiones ha acudido a manifestaciones junto a Falange, Tramuntana,
Som Catalans, somos españoles o Plataforma per Catalunya, grupos junto a
los que convocó diversas concentraciones de rancio abolengo, siempre con la
gratísima compañía de la lideresa, y sin embargo amiga, del Partido Popular
Catalán Alicia Sánchez Camacho. Por si fueran pocas pistas para saber cuál es
la senda por la que caminan Albert Rivera y sus chicos, baste recordar que el
13 de octubre de 2013 montaron un gran guirigay en el Parlament de Catalunya
justo cuando se iba a votar una condena al franquismo, régimen que parecen
tener bien guardado y cuidado en su fondo de armario. Si a todo esto añadimos
que votó junto al PP para suprimir la asistencia sanitaria a los inmigrantes
sin papeles y para permitir la privatización de servicios sanitarios públicos,
el perfil ideológico de la formación que dirige Albert Rivera no deja lugar a
dudas pese al énfasis que pone la propaganda en presentarla como la gran
esperanza de regeneración del país.
Mientras
Ciutadans circunscribió su espacio electoral a Cataluña, el Partido Popular,
que pugnaba por el mismo electorado, mantuvo una fluida relación con el nuevo
grupo para pasar a combatirlo abiertamente cuando anunció que ampliaba su
ámbito a todo el Estado. Empero, conforme las encuestas comenzaron a anunciar
el desplome de la formación franquista fundada por Fraga Iribarne, los
estrategas de la Cueva de Alí Babá se pusieron a hacer cuentas para evitar la
catástrofe: Visto que no vamos a ganar las elecciones en ningún caso –se
dijeron-, la única posibilidad de seguir gobernando es poner toda nuestra
armada mediática al servicio de Albert Rivera para conseguir que sea él quien
nos de los votos que nosotros no vamos a sacar. Dicho y hecho, sólo hay que dar
un ligero repaso a las hemerotecas para comprobar que desde noviembre del año
pasado se ha producido un cambio cualitativo y cuantitativo en la información
que se da sobre Ciudadanos, dentro de un proceso que indudablemente conducirá
en breve a la beatificación de su líder y a erigirle una estatua en Torreciudad
junto a la de San José María Escrivá de Balaguer por la gracia de Dios.
Evolucionar
es un hecho admirable siempre que la evolución sea verdadera y no una mera
estrategia. En la genial película de Woody Allen Todos dicen I Love You el hijo de Alan Alda sufre un síncope
que obliga a ingresarlo en un hospital. Tras los oportunos reconocimientos, el
médico conversa con Alda y le dice: “No se preocupe, todo está bien, su hijo
tenía un coágulo en las arterias que le inutilizaba parte del cerebro. Es
posible que lo tuviese desde la más tierna infancia y que haya dicho y hecho
muchas tonterías a causa de esa lesión, pero ya está disuelto y ahora se
comportará adecuadamente….”. Efectivamente, el hijo dejó de militar en las
juventudes del Partido Republicano de los Bush, comenzó a leer, se hizo
ferviente defensor de los derechos humanos y un comprometido activista
ecologista. Es posible que a Albert Rivera le haya pasado algo parecido, pero
poco probable, lo que no cabe duda es que es el candidato elegido por la
derecha mediática del Estado para posibilitar cuatro años más de gobierno del
partido de Fraga.
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