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22 sept. 2012

LA HERENCIA DE CARRILLO


La herencia de Carrillo

Miguel Ángel Peña
El martes pasado falleció Santiago Carrillo. Como bien dice Javier Parra, director el periódico digital larepública.es, “Se va un coherente “hombre de Estado”, un buen antifascista, pero un mal camarada” coincido con la valoración de la figura histórica de Carrillo que Parra expone en su artículo. Desde el fallecimiento del que fue el Secretario General del PCE que más tiempo ostentó este honor he hecho varias valoraciones sobre la figura histórica y las consecuencias de su política. Por supuesto, desde el respeto a una persona fallecida, pero que por su indudable importancia política e histórica deja una herencia significativa en el Partido Comunista de España. En la misma noche en la que me entero de la muerte de Carrillo escribo en mi facebook el siguiente comentario:
En una ocasión coincidí, yendo con Pedro Garcia Jimenez como Agrupación Universitaria del PCA a una reunión con la JCA, con Carrillo en el tren. Lo saludamos y le dijimos qué éramos del Partido.
Con Carrillo siempre, desde que tengo conciencia histórica y política, me ha ocurrido que es un personaje contradictorio. Siendo Secretario General del PCE -el que ocupó ese cargo durante más tiempo- llevó al PCE a ser “el Partido”, y a ser la referencia de la oposición antifranquista. Sin embargo, él mismo conspiró contra todo lo que se consiguió en la clandestinidad, hasta dejar al PCE en una segunda clandestinidad. Hoy su herencia en el PCE está viva, hay conceptos políticos en la que fue su organización que son su testamento político.“.
En el hilo que se generó en el enlace añadí después:
Desmovilizó al Partido en pos de un acuerdo que en la práctica (y a los hechos me remito) ha sido el mantenimiento en el poder de los mismos sectores que se beneficiaron del franquismo.
Hizo que el PCE cambiase su estructura organizativa (marxista-leninista) basada en la lucha de clases en los lugares de trabajo por otra territorial orientada a la contienda electoral, con un sistema electoral injusto.  
Realizó purgas dentro del Partido contra todo aquel que no le seguía en su senda reformista.
Abandonó la lucha por la República (19 años tardó el Partido en volver a declararse republicao) y hasta 30 años después no rompió con la Constitución monárquica.
Tenía pensado no escribir nada más, pero hoy me encuentro con una sopresa; el inicio del Fiesta de PCE con un acto sobre Carrillo y en la reseña que sobre el acto hace el diario Público (El PCE se reconcilia con Carrillo) hay una frase que es la que me ha animado a escribir esta entrada. La frase corresponde al historiador Juan Andrade, de la Universidad de Extremadura, el periódico reseña “Según Andrade, Carrillo acabó “seducido por la imagen construida por sus adversarios”, la imagen de un hombre de Estado y pactista. Hasta el punto de que abusó de “gestos moderados”. En línea con esta tesis, el eurocomunismo “fue una renuncia sublimada en estrategia retórica”, un señuelo de marketing “que justificaba una política más pragmática”.
Los resultados electorales de 1979 y 1982 condujeron al partido a la hecatombe y a la sangría interna. Andrade explicó que se debió a varias causas: primar la acción institucional sobre la acción social, la “falta de democracia interna” y el “dirigismo” que quería imponer Carrillo, el empeño en proyectar “una imagen de moderación” al exterior que terminó desgarrando al PCE, la negativa a “enriquecerse” de las aportaciones de intelectuales y la respuesta que se dio a la crisis económica de 1973-1979, suscribiendo los Pactos de la Moncloa y “cayendo en tentaciones socialdemócratas”.
Si ocultásemos el nombre de Carrillo, en más de un elemento que señala Andrade, bien podría definir lo que en Córdoba fue durante una década el llamado Rosismo;
  1. Primacía de la acción institucional sobre la acción social.
  2. El personalismo y falta de democracia interna.
  3. La hecatombe de la organización tras los resultados electorales.
  4. La moderación hacia el exterior.
  5. Las tentaciones socialdemócratas.
Si miramos al pasado nos encontramos las mismas características en lo que fue Nueva Izquierda. Tanto Carrillo, como Nueva Izquierda, como Rosa Aguilar desembocaron políticamente en el mar del PSOE, y ello no puede ser casualidad.El verdadero problema es que el carrillismo (tanto en algunas formulaciones políticas como sobre todo en actitudes) sobrevivió en la praxis política al propio liderazgo de Carrillo en el PCE. Y será un peligro constante siempre que el PCE no haga una reflexión seria, y sobre todo con medidas activas que eliminen la herencia vigente que el carrillismo introdujo en la Transición; y que en mi opinión pasan por dos elementos fundamentales; la relación del Partido con el Régimen surgido en la Transición (sobre la que hace unos meses ya escribí), o lo que es lo mismo la confianza en que las instituciones surgidas de los consensos de la Transición puedan facilitar y hacer viable una transformación socialista de la sociedad, en donde radica esa primacía de lo institucional; y la adecuación de las estructuras internas del Partido a una concepción en el que lo institucional-electoral sea lo prioritario y no la lucha de clases. Mientras estas dos cuestiones se mantengan el partido vivirá en el bucle que inauguró el carrillismo, y cada vez que nos obsesionemos con la institución subordinando todo lo demás estaremos en el camino de repetir el pasado.

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