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18 ene. 2014

EL ORIGEN DE LA PALABRA CAPITALISMO



Kelia Fernández Martínez



Keila Fernández Martínez

Lda. Filosofía Miembro Comité Provincial PCE Granada

El origen etimológico de lapalabra capitalismo proviene de la idea de capital y su uso para la propiedad privada de los medios de producción, que son los que utilizamos las personas (fábricas, oficinas, máquinas,…) para producir a través de nuestro trabajo, los bienes necesarios para la vida.
La propiedad privada tiene su origen cuando una minoría privilegiada adquiere el poder y consigue así dominar a una mayoría desposeída, esto da lugar a una apropiación y desigualdad de los medios de producción y de los bienes de uso.
En este cambio social, se comienza a convertir a los medios de producción en fines en sí mismos, quedando el ser humano subordinado a ellos y siendo reducido a un mero instrumento productivo, no se considera ya a la persona como un fin en sí misma. Esta situación es la que describe Marx como alienación del hombre, cuando el trabajador se convierte en mercancía y deja de reconocerse en el producto de su trabajo (que pertenece a los propietarios de los medios de producción) considerándose como algo ajeno a él.
La enajenación o extrañamiento es aquel estado que sufre toda persona que no es dueña de sí misma, ni responsable última de sus acciones y pensamientos. En esta sociedad de explotación capitalista es la condición en la que se encuentra esa mayoría oprimida a causa de la propiedad privada de los medios de producción.
En las antiguas sociedades esclavistas nos encontramos con la figura del amo, aquel que dispone totalmente del esclavo, de su cuerpo y de su persona. El esclavo no posee libertad alguna, y los objetos de su trabajo son propiedad del amo, Marx afirma que lo mismo ocurre en este sistema donde el ser humano se hace cosa, una mera mercancía, y es usado como una herramienta más en esa cadena de producción de bienes. Porque la mercancía se define como un producto destinado únicamente a la venta y al mercado, no se tiene tanto en cuenta su utilidad como la capacidad de venderse y de transformarse en valor de cambio, es decir, en dinero.
En el modo de producción capitalista la fuerza de trabajo del obrero es el material de explotación del capital, mientras que para uno su cuerpo es su medio de supervivencia, para el burgués supone toda una fuente de acumulación de riquezas. De este modo, el valor de una persona ahora depende de su potencial laboral, es decir, del beneficio que se pueda sacar de él. Marx lo define así: “La producción capitalista no es ya producción de mercancías, sino que es, sustancialmente, producción de plusvalía”
A diferencia de la mayor parte de la tradición filosófica que definía la esencia del ser humano apelando a un ser abstracto o ideas externas, Marx entiende a la persona como un ser real que se produce a sí mismo y lo hace a través del trabajo en una sociedad y Estado al que pertenece históricamente: “La esencia humana no es algo abstracto e inherente a cada individuo, es en realidad, el conjunto de las relaciones sociales”.
Los seres humanos tenemos la capacidad para transformar la naturaleza y humanizarla creando objetos que ponemos a nuestro servicio. Esta es la máxima expresión de nuestro desarrollo y realización como humanos. Pero en el estado de enajenación no se reconoce esa satisfacción personal como resultado de una actividad libre y placentera, sino que es un trabajo forzado y destinado a la creación de riquezas que quedan fuera de nuestro alcance.
Asistimos a un régimen de producción capitalista en la que todo lo que hay a nuestro alrededor es sometido a una escala de valores mercantilista, el consumismo exacerbado que marca nuestra sociedad es un claro ejemplo de ello. Hoy día, las cosas se fabrican para usar y tirar, continuamente renovamos cada uno de nuestros electrodomésticos cotidianos y demás enseres por otros nuevos, no tenemos una relación con ellos más allá que su mero uso muy transitorio y temporal. Un consumo disparatado que se nos vende diariamente de modo masivo, a través de la televisión y multitud de anuncios e imágenes, intentando convencernos de que necesitamos comprar esos productos porque así seremos más libres y felices. Esto causa gravísimas repercusiones cuando dicha visión se comienza a hacer extensible también a nuestras relaciones con las personas, entonces las vemos como cosas que se usan para el propio beneficio y que cuando no sirven en el mercado laboral nos desprendemos de ellas sin ningún miramiento. No es más que el resultado de esta cruel ética inhumana del sistema capitalista, en la que se presta más valor al capital que a la vida humana, es la explotación del ser humano por el mismo ser humano.
Pero aún hay otro rasgo mucho más criminal de este sistema despiadado y asesino, porque si la desigualdad social es el rasgo definitorio de la vida en el capitalismo, lo es mucho más la muerte prematura en la clase obrera.
La muerte por definición es un fenómeno individual y natural al que todo hombre está sujeto en iguales condiciones que otros. Pero hay otro aspecto aquí en juego, que es una atrocidad inaceptable y derivada de este régimen explotador, y de la cual ya Marx nos advertía, nos referimos a la “muerte del trabajador”. Esta ya no es algo producido naturalmente sino que es provocada por ese robo de la libertad y de la vida propia del trabajador por parte del insaciable capital dominante que va absorbiendo su vida hasta agotarla.
El sistema capitalista sitúa a la humanidad por debajo de la propiedad, se alimenta de la pobreza y el sufrimiento de miles de millones de personas para producir la riqueza de unos pocos. Capitalismo es muerte, porque destruye e impide las libertades creativas de las personas condenándolas a la explotación por parte de las clases dominantes, es una muerte lenta y dolorosa de la vida espiritual de los seres humanos, no deja un solo espacio de la vida que no esté sometido a su maquinaria de dominación.
El neoliberalismo, tal como se viene desarrollando desde los años 70, adquiere una nueva visión y un objetivo político internacional, en línea de la llamada globalización. Estamos ante nueva fase de desarrollo en la que produce una supresión de las fronteras para los productos, un capitalismo mucho más salvaje, que arrastra con la destrucción de los sindicatos, el no respeto de la seguridad social y a la jornada de las ocho horas de trabajo, etc. Aparecen nuevas formas de opresión, como por ejemplo es lo que podríamos llamar la dictadura hipotecaria o el fenómeno del endeudado, la figura del obrero pasa a centrarse en la relación acreedor-deudor que termina por conducirlo directamente a la marginalidad política, la deuda ahora es el motor de acumulación del sistema capitalista. La vivienda que debería ser un derecho universal, se convierte ahora en una deuda hipotecaria que además los bancos compran al estado para obtener mayor liquidez. Y al igual ocurre con la venta de los fondos de pensiones, seguridad social, educación, etc.
El capitalismo actual, si bien en su raíz continúa siendo el mismo que estudiaron los clásicos de la economía política o también Marx, presenta cambios en su expansión. Ahora gran parte de sus medios de dominación se basan en la especulación, en el mundo de las finanzas de orden global, que cada vez más deja fuera a parte de la población hundiéndola en una pobreza que es cada vez “más extensa, más intensa y más crónica” (como señaló en su informe Sebastián Mora, secretario general de Cáritas)
Por eso, hoy día la clase obrera y trabajadora estamos llamados a la revolución, a la lucha por la reapropiación de nuestro trabajo, nuestra libertad y de nuestras vidas. Es nuestro deber exigir una mejora de nuestras condiciones de vida y de trabajo, y también de todas las estructuras económicas y políticas, para crear una sociedad donde se nos permita nuestra libre capacidad de autodeterminación y desarrollo espiritual de nuestras vidas. El marxismo ya afirmaba que “la liberación de la clase obrera es obra de la clase obrera misma” y otorga a las masas el papel determinante, ubicándolas como la fuerza motriz de la historia y que juegan un papel revolucionario y reaccionario cuando su actuación va en contravía del movimiento general de la sociedad.
Como bien afirma en su discurso el educador e izquierdista brasileño Paulo Freire: “Nadie libera a nadie, nadie se libera sólo, los hombres y las mujere se liberan en comunión”, y en su mensaje añade “el futuro es hecho por nosotros mismos a partir de la transformación del presente”.
El marxismo, ha de ser nuestra teoría revolucionaria de referencia, porque el pensamiento de Marx aún hoy sigue perteneciendo a nuestro tiempo, pero hay que retomarlo como una teoría que sea praxis, la acción humana como acción transformadora e instrumento de cambio, Marx escribe: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo”, y ese ha de ser nuestro objetivo.
El proletariado ha de iniciar su lucha para garantizar su hegemonía en la conducción del movimiento revolucionario. La única clase que es capaz de llevar la sociedad a la abolición de toda forma de opresión y explotación es la clase obrera, para reclamar su dignidad obrera contra la esclavitud laboral y la lucha por la transformación socialista de la sociedad. Pero una acción, no tiene valor social si no es una práctica revolucionaria, y para ello no puede proceder de individuos aislados, sino de una conciencia de clase con objetivos comunes, se trata de una fuerza colectiva.
Lentamente, ya se comienzan a gestar los signos de esta nueva revolución, cada vez más personas son conscientes de esta situación y empiezan a emprender pequeñas acciones y frentes de lucha a este sistema. La marcha se inicia con la unión de todos los movimientos sociales, como: las mareas, el movimiento 15M, y otras asambleas populares; que se unen para la defensa de los derechos del pueblo en una unidad contra la guerra económica de la burguesía y la hegemonía política de la derecha. También hay que hacer una relevante mención a los partidos más históricos, como el PCE que han demostrado estar abiertos a esta realidad, han jugado y por supuesto juegan hoy día un papel fundamental en esta marcha tejiendo alternativas. Por eso los comunistas tenemos un cometido clave que es continuar en esa tarea aportando nuestro enfoque en esta batalla al capitalismo y el régimen político en que se sustenta.
La revolución ha de contar con organización popular consciente del rol que debe jugar para convertirse en sujetos históricos de transformación social, dispuestos a una lucha constante y un salir a tomar las calles. Se trata de la formación de una conciencia para crear alternativas y propuestas hacia la creación de un nuevo proceso constituyente hacia un nuevo estado democrático, de igualdad y derecho. Según Marx, comprender la realidad debe implicar transformarla. Y transformarla, es arrojar, mediante la revolución, el modelo burgués al abismo y sustituirlo por el modelo igualitario y social del comunismo, un proyecto global y unitario.
Ya nos decía Lenin que “La victoria de la revolución será la dictadura del proletariado y el campesinado”, y nos corresponde a nosotros ese papel como clase explotada en pie de lucha en el contexto actual, es la voz del obrero explotado y oprimido la que al fascismo sabrá vencer.


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